¿Tu protector solar te da más calor? La ciencia revela un efecto inesperado

En la actualidad, muchas personas realizan actividad física por salud o laboran en horas de altas temperaturas. Aunque el bloqueador solar protege la piel del sol, este mismo producto podría interferir en la regulación de la temperatura corporal.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Costa Rica (UCR) identificó que algunos protectores solares resistentes al agua y al sudor podrían dificultar parcialmente la disipación del calor durante el ejercicio o el trabajo prolongado en ambientes calurosos.
La investigación se desarrolló en dos estudios consecutivos liderados por Julián Garzón Mosquera, estudiante de Doctorado en Ciencias de la UCR, y el Dr. Luis Fernando Aragón Vargas, coordinador del Laboratorio de Clima Controlado del Cimohu-UCR, instalaciones donde se llevaron a cabo las pruebas. En una primera etapa, el equipo comparó tres protectores solares de amplio uso comercial en Costa Rica, todos con factor de protección solar (FPS) 50 o superior y etiquetados como resistentes al agua o al sudor.
Los resultados mostraron que uno de los productos evaluados reducía significativamente la producción local de sudor durante el ejercicio. La principal diferencia con respecto a los otros protectores analizados era la presencia de dimeticona, un tipo de silicona en su formulación. Ese hallazgo motivó una segunda investigación para analizar con mayor profundidad este comportamiento.
En ese segundo estudio participaron 15 estudiantes universitarios físicamente activos, quienes realizaron dos sesiones de una hora de ejercicio en bicicleta estacionaria dentro de una cámara climática ajustada a 35 °C y 55 % de humedad relativa, condiciones similares a las que enfrentan muchas personas en zonas tropicales dentro y fuera de Costa Rica. En una de las sesiones utilizaron un protector solar resistente al agua aplicado sobre aproximadamente el 85 % de la superficie corporal; en la otra realizaron el mismo protocolo, pero sin protector solar.
Durante las pruebas, el equipo investigador monitóreo la temperatura interna del cuerpo mediante una cápsula que transmitía información en tiempo real, además de registrar la temperatura de la piel, la frecuencia cardíaca, la pérdida de líquido por sudoración y la percepción de calor y sed de las personas participantes.
Los resultados evidenciaron que quienes utilizaron el protector solar presentaron un aumento cercano a los 0,2 °C en su temperatura interna al finalizar el ejercicio y reportaron una mayor sensación de sed. En contraste, variables como la temperatura de la piel, la cantidad total de sudor producido y la frecuencia cardíaca prácticamente no mostraron diferencias entre ambas condiciones.
«En términos prácticos, 0,2 °C es un cambio leve y, por sí solo, no equivale a hipertermia ni a un golpe de calor. Sin embargo, sugiere que el producto podría reducir mínimamente la capacidad del cuerpo para disipar calor. En palabras simples, el cuerpo podría tener un poco más de dificultad para enfriarse mientras se hace ejercicio bajo el sol, porque parte del sudor no se evaporaría tan fácilmente», explicó Garzón.
De acuerdo con el investigador, la explicación más probable es que algunos protectores solares resistentes al agua forman una película sobre la piel que dificulta parcialmente la evaporación del sudor. Aunque el organismo continúa produciéndolo, parte de su capacidad para eliminar calor disminuye, lo que favorece una acumulación gradual de temperatura durante actividades prolongadas.
El hallazgo es especialmente relevante para personas que permanecen durante largas jornadas bajo el sol, como deportistas, trabajadores agrícolas, ganaderos o personal de construcción. En estos grupos, incluso pequeños incrementos en la temperatura corporal pueden contribuir al estrés térmico cuando se combinan con altas temperaturas ambientales, esfuerzos físicos intensos y otros factores de riesgo.
«Su principal valor es preventivo. Aporta evidencia para atletas, entrenadores y profesionales de la salud sobre un factor adicional que puede contribuir a la carga térmica. El efecto debe considerarse junto con otros riesgos mucho más importantes de sobrecalentamiento, como la temperatura y la humedad elevadas, la intensidad del ejercicio, una hidratación insuficiente, el uso de ropa poco ventilada y la falta de aclimatación al calor», señaló el investigador.
Garzón también enfatizó que los resultados ligados a la dimeticona deben interpretarse con cautela, ya que el aumento de temperatura observado fue pequeño y se registró en una prueba específica de una hora de duración. Por ello, no debe generalizarse automáticamente a todas las personas, a todos los protectores solares ni a cualquier condición ambiental.
Asimismo, insistió en que los hallazgos no deben interpretarse como una recomendación para dejar de utilizar protector solar. «No significa que el protector solar sea peligroso ni que deba dejar de usarse. La protección frente a las quemaduras solares y la radiación ultravioleta sigue siendo esencial», afirmó.
Más bien, la investigación plantea la necesidad de abordar la protección frente al calor y la radiación solar de manera integral, combinando el uso de bloqueador con una adecuada hidratación, descansos periódicos, acceso a sombra y otras estrategias que ayuden al cuerpo a regular su temperatura durante actividades prolongadas al aire libre.
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