La crisis silenciosa de la obesidad en Costa Rica: entre listas de espera y la urgencia de prevenir

La crisis que atraviesa la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) impacta con especial fuerza la atención de las personas que viven con obesidad. A marzo de 2026, la institución contabiliza 2.066 costarricenses en lista de espera para una cirugía bariátrica. Los tiempos de espera proyectados superan los dos años, viéndose afectados por la falta de anestesistas y la fuga de cirujanos.
A pesar de la percepción popular de que la bariátrica responde a motivos de vanidad, los expertos enfatizan la urgencia de desmitificar el procedimiento: «Esta cirugía no es una cirugía estética como muchas personas lo piensan. Realmente es una cirugía que permite a la persona perder peso para reintegrarse a la sociedad y disminuir los efectos de la obesidad», señaló Don José Arturo Vega Boza, director ejecutivo de la Asociación DiaVida durante la entrevista. La Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó la obesidad como una enfermedad crónica no transmisible desde 2011.
La dimensión del problema de salud pública es alarmante, pues funciona como catalizador de múltiples padecimientos. «Hay que recordar que la obesidad es la puerta de entrada para más de 230 enfermedades. Quien viva con obesidad en este momento es potencial candidato a padecer diabetes tipo 2, insuficiencia renal, problemas cardíacos o eventos cerebrovasculares», enfatizó Vega a Puntarenas Se Oye. Entre 2020 y 2025, las consultas por este tema en la CCSS se duplicaron, superando los 1,4 millones de citas atenciones brindadas.
Actualmente, las estadísticas de la Federación Mundial de la Obesidad indican que el 70% de la población costarricense vive con sobrepeso y un 34% padece obesidad. Con una tasa de natalidad en descenso, las proyecciones para el año 2060 ubican a Costa Rica como el tercer país con mayor índice de obesidad en el mundo, con una prevalencia del 94%. «Es el efecto de la bola de nieve. ¿Qué va a pasar con nuestras generaciones en edad adulta productiva? Van a haber muchas incapacidades y discapacidades. Es un tema de todos porque al final nos llega a afectar a nivel país», advirtió el entrevistado.
Abordar esta epidemia exige comprender sus orígenes complejos y alejarse del estigma social: «Para comenzar a educar sobre obesidad hay que entender sus cuatro pilares: genético, fisiológico, ambiental y psicológico. Quien vive con obesidad no es culpable, no es así porque quiere», afirmó. La estrategia debe centrarse en la prevención desde la infancia junto con el MEP, el Ministerio del Deporte y los gobiernos locales. «El adulto que ya vive con obesidad hay que atenderlo, pero tenemos que trabajar con los niños porque son las generaciones del futuro», agregó.
En cuanto a la sostenibilidad financiera de la CCSS y la introducción de terapias innovadoras tras el decreto ejecutivo que declaró la obesidad como enfermedad de interés público, se perfilan alternativas de financiamiento como la recomendada por la OMS en 2016: el impuesto a productos azucarados. «Así como hicieron con el impuesto del tabaco o los licores, si vamos a comprar comida chatarra, que haya un pequeño impuesto para financiar las clínicas de obesidad y programas de prevención sin golpear las finanzas de la institución», concluyó Don José Arturo.
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