Puntarenas

​Nuevos aires en la Diócesis de Puntarenas

​Para conocer la historia de la Diócesis de Puntarenas debemos remontarnos a los siglos XIX y XX, cuando Puntarenas experimentó un crecimiento vertiginoso al ser declarada como puerto principal del Pacífico a inicios del siglo XIX. Debido al auge cafetalero y al flujo migratorio, se dinamizó la vida económica de la región, haciendo imperiosa una presencia pastoral permanente. Fue en el mes de julio de 1845 cuando se emitió el decreto para la construcción de su primer templo bajo la advocación de San Antonio de Padua, marcando el camino para que en el año 1850 se erigiera oficialmente la parroquia local. Seguido de esto, con el desarrollo urbano de la ciudad, en la primera mitad del siglo XX se levantó el emblemático edificio de piedra dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, estructura que con el pasar del tiempo se convertiría en el hogar espiritual de los porteños.

La Catedral de Puntarenas, es la casa de la Diócesis de Puntarenas. Foto tomada de Internet.

​El camino para convertirse en Diócesis

​La consolidación institucional ocurrió un 17 de abril de 1998, cuando el Papa San Juan Pablo II erigió oficialmente la Diócesis de Puntarenas mediante la bula pontificia Sacrorum Antistites (decreto papal). Esta decisión respondió a una reorganización territorial de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica, con la finalidad de descentralizar la atención espiritual y adaptar la labor eclesial a las dinámicas geográficas y sociales del Pacífico Central. La nueva diócesis cobró vida mediante la integración de cantones pertenecientes a dos jurisdicciones distintas: Garabito, Esparza, Montes de Oro y el cantón de Puntarenas —desmembrados de la Diócesis de Tilarán—, junto con Parrita y Aguirre (hoy Quepos), que anteriormente pertenecían a la Diócesis de San Isidro de El General.

El mapa de la formación de la Diócesis de Puntarenas tomada del Instituto Arquidiocesano de Investigaciones Históricas de Costa Rica.

 

​El primer Obispo de la naciente Diócesis de Puntarenas

​La histórica iglesia del Sagrado Corazón de Jesús fue elevada al rango de Catedral, y el 16 de julio de 1998 Monseñor Hugo Barrantes Ureña asumió como su primer obispo en una emblemática ceremonia celebrada en el Estadio Lito Pérez, coincidiendo deliberadamente con la festividad de la Virgen del Carmen, protectora de los pescadores y patrona del Puerto y del Golfo de Nicoya. Tras el nombramiento de Monseñor Barrantes como Arzobispo de San José en 2002, la diócesis inició una extensa etapa de consolidación bajo la guía pastoral de Monseñor Óscar Gerardo Fernández Guillén, quien ejerció como segundo obispo durante más de dos décadas desde su ordenación en 2003.

Monseñor Hugo Barrantes Ureña, fue el primer Obispo de la naciente Diócesis de Puntarenas. Foto cortesía de la nación.com

 

​El nuevo comienzo de la Diócesis de Puntarenas

​La comunidad de Esparza se vistió de gala para recibir con mucho cariño al nuevo Obispo de Puntarenas, Monseñor Elímar Carvajal. Ese día, la Diócesis de Alajuela vino a entregar al pastor a quien le corresponderá guiar a las ovejas del bello puerto de Puntarenas.

La iglesia de Esparza se lució con la decoración, y en las flores sobresalía el color naranja, que representa el calor de Puntarenas. Ese día se unieron la Diócesis de Alajuela, de donde es proveniente el nuevo Obispo, y la Diócesis de Puntarenas, la nueva casa que albergará a nuestro pastor por mucho tiempo. Nuestro Obispo pasó saludando a los estudiantes de la Escuela Arturo Torres, gesto que significa la cercanía con el pueblo, y luego realizó su entrada en compañía de los seminaristas, sacerdotes y obispos de las diferentes diócesis de nuestro país; inclusive asistieron los obispos eméritos de sus respectivas diócesis.

​Todo transcurrió con una solemnidad que inspiraba mucha paz y cercanía. Especialmente para los porteños, esto quedará en la memoria al ser un acontecimiento tan relevante para la feligresía católica de la bella perla del Pacífico. La iglesia de Esparza estaba llena y todos eran testigos de un momento histórico: desde los representantes municipales, sacerdotes, seminaristas y órdenes religiosas presentes en la diócesis, hasta la feligresía y los medios de comunicación sin perder ningún detalle de la actividad.

​El momento más emotivo fue cuando Monseñor Carvajal le dio la comunión a sus padres, como una forma significativa de recordar que los padres son importantes en el desarrollo de los hijos y especialmente en la parte espiritual, como es el caso del nuevo administrador de la diócesis.

​Entre la multitud que colmaba el ambiente de fiesta y fe, el equipo de Puntarenas Se Oye tuvo la oportunidad de conversar con César Carvajal, hermano de Monseñor Elímar Carvajal Durán. A pesar del madrugón —salieron a las cinco de la mañana desde el clima frío de Sarchí—, la emoción le ganaba al cansancio. Para la familia, la designación los tomó por sorpresa, pero el orgullo y la gratitud no han dejado de crecer desde el primer día.

​—Nos sentimos muy orgullosos. Para nosotros es un motivo de gran bendición saber que Dios, por medio del Papa, lo escogió para esta tarea —comentó César con calidez—. Mi hermano viene con muchos deseos de dar lo mejor de él para esta Iglesia que hoy lo recibe. Sabemos que hay mucha gente motivada y con altas expectativas, pero Dios le dará las herramientas y el discernimiento para cumplir su misión aquí en Puntarenas.

​El cambio de jurisdicción pastoral —de la Diócesis de Alajuela al calor del Pacífico— también representa una nueva dinámica familiar. Si antes Puntarenas era un destino eventual de descanso, ahora se convierte en una parada obligatoria y frecuente para la familia Carvajal. Entre risas, César confesó que el calor porteño y la calidez de su gente son un excelente pretexto para volver a menudo: «Antes veníamos en son de paseo; ahora hay doble motivo: acompañarlo a él, disfrutar del Puerto, de la comida, de un buen churchill y de ese calorcito que a veces hace falta. De Sarchí a Puntarenas estamos a poco más de una hora, así que vendremos muy seguido».

​Al ser consultado sobre el sentir de sus padres ante este nombramiento de tanta responsabilidad social y espiritual, en medio de las realidades y desafíos que enfrenta la provincia en temas de empleo y oportunidades para la juventud, César reconoció la profunda emoción que embarga a sus progenitores: «Mis padres no son de demostrar mucho sus sentimientos en público, pero sé que en el fondo están muy emocionados, con deseos de llorar de la alegría. Sabemos que hay retos grandes y limitaciones a nivel diocesano y provincial, pero Dios lo va a iluminar para afrontar cada situación».

​Finalmente, al pedirle que dibujara el perfil humano del nuevo pastor para la comunidad puntarenense, César no dudó en describir la cercanía de su hermano:

​—Mi hermano es una persona muy cariñosa y cercana a la gente; van a sentir a alguien cálido, accesible y profundamente apegado a Dios. No lo digo solo porque sea mi hermano, pero los puntarenenses pueden sentirse privilegiados: no solo reciben a un obispo, sino a un hermano más con quién van a poder contar.

​Al término de la actividad, muchas personas aprovecharon el momento para saludarlo e inclusive tomarse fotos con el nuevo obispo, para tener un recuerdo de este hecho histórico de la Diócesis de Puntarenas.

Fotografías de la actividad.

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