Pupitres y cunas bajo el mismo techo: El plan del Nocturno de Cartago para frenar la deserción

Por: Fabricio Alfredo Obando Chan, periodista.
La educación es la herramienta clave para cerrar brechas sociales, pero para muchas personas, el sueño de un título académico se pausa ante la responsabilidad de cuidar a sus hijos. Para combatir esta realidad, el Colegio Nocturno de Cartago (que funciona en las instalaciones del San Luis Gonzaga) dio un paso histórico.
Gracias a un convenio entre la Junta Administrativa de la institución y la Dirección Nacional de CEN-CINAI del Ministerio de Salud, se habilitó un espacio conocido como «La Casita». Este recinto está diseñado para la atención de 19 menores, con edades comprendidas entre los 2 y 12 años, permitiendo que sus padres regresen a las aulas.
Un refugio seguro para el aprendizaje
En «La Casita», los niños y niñas no solo esperan; son atendidos por personal docente, de cocina y limpieza del CEN-CINAI. El servicio opera a partir de las 5:00 p.m. y se extiende hasta que los padres finalizan sus lecciones, garantizando un entorno seguro y profesional.
Para Guiselle Alpízar Elizondo, Viceministra Académica del MEP, este proyecto es un reflejo de empatía estatal:
“Este servicio nocturno es un claro ejemplo de cómo, a través de la articulación interinstitucional, podemos ofrecer respuestas más integrales y humanas. Fortalecemos una red de apoyo que permite a madres y padres estudiar con la tranquilidad de que sus hijos reciben atención, nutrición y estimulación”, aseguró la jerarca.
Inversión en el futuro
Por su parte, Rocío Flores Chinchilla, Directora Regional de CEN-CINAI, destacó que la inversión para remozar el espacio superó los 5 millones de colones.
«El personal de ambas instituciones identificó la necesidad de apoyar la permanencia de los estudiantes. Hoy estamos a capacidad máxima y gustosos de ofrecer este servicio que permite reincorporar a los padres al sistema educativo», afirmó Flores.
Historias que inspiran: El caso de Joselyn y Gabriel
Para estudiantes como Joselyn y Gabriel, una pareja que cursa el nocturno, esta iniciativa fue la diferencia entre abandonar o seguir adelante. Antes de la apertura de «La Casita», se enfrentaban al dilema de que uno de los dos debía dejar los estudios para cuidar a su hijo.
Hoy, gracias a la motivación de las orientadoras del centro y al apoyo del CEN-CINAI, ambos continúan su proceso formativo con la meta clara de mejorar su calidad de vida y la de su familia.
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