La pesca deportiva y turística en el Pacífico central y sur de Costa Rica es una profesión con muchas facetas
Una industria turística que ofrece la pesca deportiva necesita de mucho más que un océano saludable, necesita de personal capacitado en el agua y fuera de ella que pueda atender todas las necesidades de la clientela. Y eso es lo que se vé y se quiere promover y cuidar en el pacífico costarricense.

Silena Ceballos y su familia viven de la pesca deportiva, sin embargo, ella casi nunca está en el agua con caña y anzuelo.
“Yo me dedico más al área administrativa. Sí estoy muy envuelta en lo que es la pesca porque formo parte del departamento de pesca de Crocodile Bay, entonces sí sé de las capturas, de lo que pasan los chicos ahí afuera, de las luchas que han tenido”. La empresa para la que trabaja Silene ofrece servicios de pesca deportiva en Puerto Jiménez, Puntarenas.
La experiencia de Silena refleja una realidad poco visible de esta actividad, gran parte de su impacto económico ocurre fuera del agua. Aunque la pesca es el motor que atrae a los visitantes, solo una fracción del valor generado proviene directamente de la captura. La mayor parte de los ingresos se distribuye en hospedaje, transporte, alimentación, logística, mantenimiento de embarcaciones, comercio local y otros servicios turísticos asociados.
Por eso, aunque Silena sale poco a pescar, su misión en la industria de la pesca deportiva en el Puerto Jiménez es una muy representativa de lo profesional y compleja que puede ser esta industria pesquera.
“Para mí lo más bonito de la pesca aquí en el Pacífico sur y específicamente en lo que es la zona del Golfo Dulce, es la variedad”, dice Silena, quien con toda propiedad procede a explicar cómo trabajan para que su clientela aproveche al máximo las oportunidades que la variedad presenta.
“Usualmente nosotros le decimos al cliente, si usted tiene tres días de pesca, un día hágalo en la orilla, otro día hágalo afuera y el tercer día usted decide en caso de que le haya quedado algo pendiente. Generalmente a los clientes les gusta mucho por la variedad, (especialmente que ocurre) en distancias tan cortas”.
A partir de la experiencia de Diego Camacho (Crocodile Bay), este video aborda la pesca turística deportiva como una actividad vinculada al turismo especializado, la conservación marina y el posicionamiento internacional de Costa Rica como destino de pesca responsable. Se destacan prácticas de captura y liberación, estándares de operación y la relación entre sostenibilidad y experiencia turística. Créditos: Aurora Camacho y Allan Barboza/Cortesía FECOP.
Otro buen ejemplo de lo variada que puede ser la participación en la pesca deportiva y turística es Brujas del Mar, una cooperativa liderada por mujeres que fueron peladoras de camarón pero en el 2018 pierden sus empleos a consecuencia de la prohibición de licencias para barcos dedicados al arrastre de camarón.
Estas cooperativistas son especialistas en la fabricación artesanal de señuelos para pesca, una profesión que atiende un nicho del mercado muy especial y que les sacó de una situación laboral precaria y marginal. Hoy en día, las Brujas del Mar son exportadoras, ya que su trabajo es valorado más allá de las fronteras costarricenses, innovando y mejorando cada día.
Desde la experiencia de la Cooperativa Brujas del Mar, este video muestra el proceso artesanal de elaboración de señuelos para pesca deportiva y el papel de las mujeres en la diversificación y fortalecimiento de la cadena de valor del sector. Participan Flor Rivera y Mildred Martínez.
Créditos: Aurora Camacho y Allan Barboza/Cortesía FECOP.
Para atender las necesidades del deporte, en Costa Rica existen empresas especializadas como CR Primo, que inició como una tienda pequeña y ahora es considerada la distribuidora de equipo y accesorios para pesca deportiva más grande del país.
Además, tiendas de esta gran influencia se convierten en patrocinadoras y promotoras de eventos de pesca deportiva nacionales e internacionales, como grandes torneos, lo que las convierte en un punto de unión para el sector
Estibaliz Hidalgo, quien es antropóloga y especialista en mercadeo, tiene un trabajo similar al de Silena pero en Marina Pez Vela en Quepos, donde ha trabajado por más de diez años. Para ella esta profesionalización trae impactos importantes.
“Al Quepos desarrollarse y las generaciones pasar de pescadores artesanales a pesca deportiva, hace que haya una movilidad social. Una movilidad social que va desde, obviamente cubrir necesidades materiales importantes, adquisición de casa propia, adquisición de inmuebles hasta solventar una mejor educación o mejores oportunidades a sus hijos e hijas,” dijo Estibaliz a FECOP en conversaciones recientes.

Créditos: Aurora Camacho y Allan Barboza / Cortesía FECOP.
Lo que se vive en Quepos es importante, ya que el crecimiento que fomenta la pesca deportiva se logra con participación de muchos actores diferentes: sector privado, asociaciones locales, compañías de charters, ONGs y participación comunitaria. Mucho de ese trabajo ocurre alrededor de la figura de la Marina Pez Vela, porque la empresa entiende que la participación de la comunidad en su quehacer trae beneficios para todos.
A pesar de lo logrado, hay todavía una gran necesidad de fomentar más esta profesionalización, y por ende ratificación de las profesiones que se desarrollan y que nacen de la pesca deportiva.
Una de las mayores necesidades del sector es que las instituciones que ofrecen formación profesional en el país, como el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), ofrezcan más cursos de certificación para capitanes y oficiales a nivel local, de manera que estas personas puedan perseguir la formalidad sin tener que salir de sus comunidades e incurrir en ese costo.
Ante la ausencia de estas oportunidades de formación locales, muchas personas buscan certificaciones en países como Panamá o recurren a prácticas informales para obtener licencias, lo que compromete la calidad y seguridad de la industria.
Pero la falta de caminos para la profesionalización y formalización del personal calificado tiene otra consecuencia, y es la competencia por ese personal capacitado, que a su vez fomenta la informalidad y la inestabilidad. En muchas ocasiones las empresas pierden personal que han formado o apoyado para la formación porque deciden trabajar para empleadores que ofrecen mejores salarios o propinas, pero que no ofrecen seguridad social o estabilidad a lo largo del año.
Es por eso que organizaciones como la Asociación Amigos del Turismo Costero y Pesca (AATCP) de Puerto Jiménez, y empresas como Crocodile Bay y Marina Pez Vela, trabajan para promover y generar oportunidades para la formación de quienes participan del sector. Por ejemplo, generan oportunidades no solo para marineros y capitanes, sino también para personas que desean especializarse en servicios del turismo de pesca, tales como administración, mecánica, hotelería, transporte y alimentación.
Una de las fuerzas que une a la industria de la pesca deportiva, porque existe o porque se necesita más de ella, es la conciencia de que el trabajo que realizan requiere de mucho conocimiento y preparación, no sólo en el arte de la pesca misma, sino en conocimientos náuticos, de atención al cliente y en idiomas. Otra fuerza es la pasión que sienten aquellos que lo practican, por el deporte. Y tanto la profesionalización de la industria como la pasión son otro reflejo de la diversidad que caracteriza al deporte.
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