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​Cero deforestación en la mira: Lanzan la hoja de ruta internacional de la COP30 para detener la degradación forestal antes de que sea demasiado tarde

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El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, y la directora ejecutiva de la cumbre, Ana Toni, presentaron hoy dos Hojas de Ruta internacionales para acelerar la implementación de compromisos climáticos históricos: una centrada en la transición para dejar atrás los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, y otra orientada a detener e invertir la deforestación y la degradación forestal de aquí a 2030.

​Ambos documentos abordan los dos mayores impulsores del cambio climático —la energía representa el 75% y la pérdida forestal el 11% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero— y ofrecen enfoques prácticos para traducir los grandes acuerdos internacionales en políticas nacionales, inversiones tangibles y resultados medibles. Su base fundamental es el primer Balance Mundial del Acuerdo de París, adoptado por consenso en la COP28 celebrada en Dubái en 2023.

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​Del compromiso político a la acción

​Si bien las líneas generales de las dos Hojas de Ruta se anunciaron durante la plenaria de clausura de la COP30 en Belém —inspiradas en el llamado del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a ir más allá de las declaraciones y acelerar la implementación—, su presentación oficial ante medios y socios se formalizó en la oficina del PNUD en Brasil.

​En la Cumbre de Líderes, el mandatario brasileño había recalcado que «el mundo necesita una hoja de ruta clara para acabar con esa dependencia de los combustibles fósiles». Tras amplias discusiones entre las Partes y diversos sectores interesados, el embajador Corrêa do Lago asumió el liderazgo de estructurar ambos instrumentos complementarios.

​La publicación de los textos impulsa una de las prioridades principales de la Presidencia brasileña: fortalecer el multilateralismo poniendo en práctica decisiones ya adoptadas. Las Hojas de Ruta reflejan el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas y las capacidades respectivas —tanto entre naciones como al interior de ellas—, reconociendo que la crisis climática y la desigualdad interna de ingresos están profundamente entrelazadas.

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​Concebidas mediante un proceso exhaustivo de consulta internacional, los documentos representan contribuciones voluntarias y no prescriptivas de la Presidencia de la COP30, por lo que no están sujetos a negociación. Para este esfuerzo, la alianza con el PNUD resultó clave en el respaldo técnico y logístico.

​Transición energética: Equilibrio entre oferta y demanda

​La transformación de los sistemas energéticos exige una coordinación minuciosa. La producción de combustibles fósiles debe mermar en paralelo a la demanda, mientras la infraestructura de energías limpias se expande de forma suficiente para garantizar un suministro fiable y asequible. Reducir la oferta de manera prematura podría desatar escasez y volatilidad de precios, mientras que mantenerla por encima de las necesidades futuras prolongaría la dependencia fósil y dejaría inversiones inútiles.

​Para orientar este proceso, la Hoja de Ruta incorpora el Índice de Preparación para la Transición de Belém, una herramienta que analiza la exposición de los países y su capacidad de adaptación a través de tres pilares:

  • ​Demanda de energía: Examina el uso en el transporte, la industria y las edificaciones.
  • ​Oferta de energía: Evalúa la adaptación de la producción fósil frente al crecimiento de las fuentes de bajas emisiones.
  • ​Economía integral: Aborda la dependencia fiscal, la inversión, el costo del capital y las señales de precios.

​Mediante indicadores y métricas específicas, los gobiernos podrán identificar sus arquetipos y desafíos particulares, aplicando palancas estructurales comunes o medidas de implementación adaptadas a su realidad económica.

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​Hoja de ruta y próximos pasos

​Para dinamizar la ejecución, la propuesta plantea tres directrices fundamentales:

  1. ​Actuar de inmediato: Invitar a los países, gobiernos subnacionales y sectores productivos a utilizar el Índice de Preparación de Belém para priorizar acciones sin esperar.
  2. ​Impulsar el Mutirão TAFF: Una agenda de movilización colectiva para acelerar la coordinación durante esta década crucial, con horizonte al 2033.
  3. ​Mantener la cooperación: Sostener el diálogo internacional mediante las futuras Presidencias de la COP y los balances globales para monitorear el progreso conjunto.

​Bajo la premisa de que «los países no necesitan seguir trayectorias idénticas para avanzar hacia el mismo objetivo climático», el proceso recalca que una transición justa debe estimular el desarrollo socioeconómico, ampliar el acceso a energía moderna asequible y blindar los derechos de los trabajadores y las comunidades vulnerables.

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