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El abrazo que tardó 24 años: Madre josefina se reencuentra con su hijo

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​Las oraciones de doña Ana Isabel Villalobos Hernández, vecina de La Uruca de 80 años, fueron escuchadas, porque el pasado 16 de agosto logró reencontrarse con su hijo Minor Villalobos Hernández, a quien vio por última vez el 14 de julio de 2002.

 

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​La desaparición ocurrió a partir del funeral de Alberto, su cuarto hijo, quien murió en un accidente en Orosi. Pese a su ausencia, la familia confirmó por varios años mediante el Registro Civil que Minor continuaba con vida, lo que mantuvo intacta la esperanza de doña Ana Isabel. En su búsqueda durante más de dos décadas realizó múltiples peregrinaciones. Visitó templos católicos en Roma, Colombia, México, República Dominicana y hasta en Tierra Santa. Hizo incontables visitas al Cristo Negro de Alajuelita y no faltó a ninguna Romería. No obstante, días después de visitar a La Negrita el pasado 31 de julio, encontró las respuestas que tanto buscó durante más de 24 años.

 

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  1. “Desde que Minor se fue, todos los años he hecho la Romería, pero este año fue muy distinta. Sentía una gran alegría, como si fuera la última que fuera a realizar. Logramos ingresar a La Basílica y todo. Le pedí a La Virgencita que me devolviera a mi hijo como estuviera, sin importar su condición”, relata doña Ana Isabel.

 

​El hallazgo se dio días después de esa visita a La Basílica, cuando su nieta, Amalia Pérez, difundió en redes sociales la única fotografía disponible de Minor. Lo hizo específicamente en grupos sociales cerca de La Fortuna, pues tenía información de que fue su último lugar de votación.

 

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​La publicación permitió a muchas personas identificarlo y ubicarlo en este distrito sancarleño, donde trabajó como bartender y salonero. En este lugar es una persona muy conocida y querida, tras haber sido habitante por ocho años.

​La familia de Minor logró dar con él a través de la Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna (ADIFORT). Desde marzo de este año, esta organización comunal lo rescató y le brindó una segunda oportunidad. Le ofreció alimento, techo y atención médica a través de la clínica local.

 

​Desde inicios de agosto, ADIFORT también gestionó el traslado de Minor —quien ahora tiene 59 años— a la Casa de Refugio Emmanuel, ubicada en El Tanque de La Fortuna. Este centro se dedica a ayudar a hombres con problemas de drogadicción, abandono o en condición de calle.

 

​A partir de ahí, lograron que doña Ana Isabel y Minor se reencontraran el pasado 16 de agosto. Esta vecina de La Uruca dudó por un momento si realmente se trataba de su hijo. Sin embargo, bastaron solo unos minutos para darse cuenta de que su sufrimiento y su fe en Dios no habían sido en vano.

 

“Yo supe que era mi hijo porque comenzó a hablar con Patricia, su hermana, con quien estaba muy unido. Hablaban de travesuras que hacían de niños y sí coincidían. Ese encuentro fue maravilloso y especial. Dios tiene un propósito y de ahora en adelante siento que llené el vacío que tenía mi corazón; me siento muy feliz y contenta”, comenta conmovida doña Ana Isabel.

 

​Pero la alegría de Minor no quedaría ahí. Este 29 de agosto se reencontró con su única hija, a quien no veía desde que tenía 12 años. Actualmente, Verónica tiene 37 años, es madre de cuatro hijos y es vecina de Puriscal.

 

“No sabía que mi hija venía, fue un balde de agua fría, pero siento una alegría infinita. Han sido muchas cosas al mismo tiempo; ver a mi mamá y a mis hermanos es de gran felicidad”, cuenta este exsalonero de profesión.

​Para Verónica, volver a tener contacto con su padre significa: “una nueva etapa en la cual trataremos de sanar heridas y conocernos. Esa niña que recuerda a su papá puede ahora florecer y convivir con él. Quiero que conozca y conviva con sus nietos. No quiero saber qué pasó, solo aprovechar esta oportunidad como padre e hija”.

 

 

​Casa de Refugio Emmanuel necesita nuestro apoyo

 

​Para seguir brindando apoyo a personas habitantes de calle o en abandono, la Casa de Refugio Emmanuel requiere de alimentos, colchones, ropa para hombre e implementos de uso personal. Este centro no recibe apoyo de instituciones gubernamentales, sino que funciona a través de donaciones.

 

​Este lugar se rige a través del programa Dunklin, un modelo de comunidad terapéutica para la rehabilitación y restauración integral de personas con problemas de adicciones. En seis meses también reciben ayuda espiritual y emocional, entre otros.

 

“Actualmente atendemos a 13 personas, pero en cinco años hemos beneficiado a más de 100 personas de todo el país, entre ellas, vecinos de Puntarenas, Heredia, Alajuela, de la Frontera Norte, entre otros”, explica Umeky Abarca, directora de la Casa Emmanuel.

 

​Si usted desea realizar alguna donación de este tipo, puede contactarse al teléfono 8357 6207.

 

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