Balaceras cerca de escuelas y colegios en Costa Rica golpean la salud mental de miles de estudiantes

Nuestro país convive con una preocupante ola de violencia en sus comunidades y, aunque no se han registrado ataques armados dentro de centros educativos, durante el 2025 y los primeros cinco meses del presente año, distintas escuelas y colegios han tenido que activar medidas de resguardo debido a balaceras ocurridas cerca de estos recintos.
Dicha situación no solo provoca un sentimiento de inseguridad en la población, sino que, además, ya genera impactos emocionales en los estudiantes. Así lo asegura la Fundación La Casa de los Niños, organización que ha trabajado cerca de dos décadas con población en condición en vulnerabilidad expuestas a violencia social y criminalidad.
Para la Fundación, el mayor riesgo de esta situación es que Costa Rica continúe viendo estos hechos únicamente como noticias policiales y no como una emergencia que escala al ámbito emocional y educativo. Además, obliga al país a replantear la forma en que se protege a la niñez y adolescencia dentro y fuera de las aulas.
“La violencia no necesita entrar físicamente a un aula para afectar profundamente a un niño. Cuando un menor escucha disparos camino a la escuela, ve patrullas constantemente o siente miedo en su propia comunidad, su cerebro vive en estado de alerta permanente”, explica Chaves Fournier especialista en niñez y adolescencia y directora ejecutiva de la Fundación La Casa de los Niños.
La exposición constante a balaceras, amenazas y violencia comunitaria genera consecuencias emocionales profundas en niños y adolescentes. Entre las principales afectaciones se encuentran: la ansiedad constante, hipervigilancia, miedo permanente, alteraciones del sueño, irritabilidad, dificultades de concentración, bajo rendimiento académico y síntomas relacionados con estrés postraumático.
En adolescentes, además, existe un fenómeno particularmente preocupante: la normalización de la violencia. La exposición repetitiva a balaceras, conversaciones violentas y contenido explícito relacionado con asesinatos y disputas criminales puede generar morbo, curiosidad y pérdida de sensibilidad frente al riesgo.
“Cuando un adolescente crece escuchando que hubo disparos “otra vez” en su barrio, o viendo videos violentos circular todos los días, existe el riesgo de que empiece a percibir estas dinámicas como normales, inevitables o incluso admirables”, señala Chaves Fournier.
“La percepción de un menor frente a la violencia es completamente distinta a la de un adulto. Muchos niños comienzan a sentir miedo por su propia vida o por la seguridad de las personas que aman. Y en adolescentes, la sobreexposición puede generar curiosidad y normalización”, explica la psicóloga.
Por ello, se recomienda a las familias:
Hablar con honestidad y calma según la edad del menor
Responder preguntas sin entrar en detalles gráficos
No compartir imágenes o videos explícitos delante de ellos
Validar sus emociones sin minimizar sus miedos
Mantener rutinas y espacios seguros
Observar cambios importantes de conducta
Buscar apoyo profesional si aparecen síntomas persistentes de ansiedad o aislamiento
Se necesitan protocolos adaptados a la realidad
La directora de la Fundación Casa de los Niños considera urgente que el país fortalezca protocolos específicos para balaceras cerca de centros educativos y no únicamente escenarios de ataques internos, como ocurre en otras realidades internacionales.
“En Costa Rica, la mayoría de los eventos violentos relacionados con escuelas ocurren afuera de los centros educativos, en vía pública, producto de conflictos entre bandas criminales. Sin embargo, el riesgo para los menores sigue siendo enorme porque una bala perdida puede convertir una situación externa en una tragedia colateral”, advierte la directora de la Fundación.
Protocolos claros de resguardo ante fuego cruzado externo
Capacitación docente en primeros auxilios psicológicos
Atención emocional inmediata después de eventos violentos
Espacios seguros de conversación con estudiantes
Acompañamiento a familias
Estrategias comunitarias de prevención
“La seguridad escolar no puede limitarse únicamente a cerrar portones. También implica proteger emocionalmente a los menores que hoy están creciendo con miedo o, peor aún, asumiendo la violencia como un estilo de vida”, concluye Chaves Fournier.
Costa Rica aún está a tiempo de prevenir consecuencias mayores. Pero para lograrlo, necesita abrir una conversación nacional sobre el impacto emocional que la violencia comunitaria ya está dejando en miles de niños y adolescentes.
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