Crónica: La Casa de la Cultura en Puntarenas se convirtió en un mercado ambulante

Cada 30 de setiembre, la Asamblea Legislativa sesiona en Puntarenas para conmemorar el aniversario luctuoso de dos héroes de la patria: el expresidente Juan Rafael Mora Porras figura determinante en la Campaña Nacional de 1856-1857 y el general José María Cañas Escamilla, cuñado de nuestro recordado “Don Juanito”, como cariñosamente le llamamos los porteños.
Este año, la Casa de la Cultura baluarte histórico de la provincia fue el escenario de una jornada convulsa e irrespetuosa de la cual me correspondió ser testigo en primera fila. Los abucheos y gritos constantes evocaban aquellos días de colegio en los que el desorden de los estudiantes impedía impartir la lección; una falta de respeto manifiesta que, en mis años de ejercicio periodístico, pocas veces había presenciado con tal nivel de agresión.
La primera en dirigirse a la comunidad fue la diputada Abril Gordienko, del Partido Unidad Social Cristiana. Con notable serenidad, intentó responder a los reclamos del público. Si bien la ciudadanía tiene derecho a manifestar sus demandas, la vehemencia degeneró en gritos de una asistente. Gordienko demostró temple y resiliencia para mantenerse en el podio frente al ambiente adverso.
Posteriormente, el turno le correspondió a Claudia Dobles, de la Coalición Agenda Ciudadana. La atmósfera se tornó aún más tensa cuando un sector de la multitud comenzó a corear “fuera Claudia” al unísono. Al igual que su antecesora, mantuvo la compostura en medio de la presión del recinto.
El diputado José Antonio Trejos, del Frente Amplio, asumió la palabra a continuación. A pesar de su juventud y de los señalamientos de «comunista» que le lanzaban desde el público, sostuvo su mensaje con la diplomacia y firmeza que lo caracterizan.
El momento más crítico aconteció durante la intervención de Norjelens Lobo, diputada de Liberación Nacional. Entre el alboroto, su voz era prácticamente imperceptible y se vio obligada a interrumpir su discurso. La tensión escaló a tal punto que se produjeron altercados entre los mismos legisladores. En medio de la disputa, el diputado oficialista Ariel Mora, docente de secundaria, realizó burlas hacia su colega Lobo, aunque posteriormente ofreció disculpas públicas por lo sucedido.
Resultó paradójico observar cómo, al llegar el turno de las intervenciones del oficialismo, el público guardó silencio respetuoso para escuchar sus discursos. La cortesía y la escucha atenta no deberían depender de afinidades políticas; el respeto debe ser por igual para todos los oradores.
La Casa de la Cultura terminó convertida en una palestra donde la educación y el protocolo institucional quedaron relegados en una fecha emblemática para el pueblo porteño. Queda para la reflexión colectiva si este es el trato que merece la conmemoración de nuestros héroes nacionales.
Por: Fabricio Alfredo Obando Chan, periodista
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