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Opinión

Los Policías: carne de cañón

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El pasado miércoles 12 de setiembre se dieron hechos realmente lamentables (a como también han sido lamentables los demás que se han presentado), se trata del ingreso de policías de la Fuerza Pública a las instalaciones centrales de la Universidad de Costa Rica, agrediendo y capturando estudiantes, dañando instalaciones universitarias y violando la autonomía de la institución (noticia aquí). Esto, junto con todos los demás actos, enfrentamientos y un clima social de total efervescencia nos ha llevado a actuares, expresiones y discusiones lamentables. Olvidamos que en muchos casos estos oficiales no son más que carne de cañón.



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Las últimas declaraciones por parte de oficiales miembros del sindicato ANEP han sido una clara muestra de su condición de ciudadanos (noticia aquí), como usted que lee esto, y como yo. Si bien es una realidad que hay oficiales que abusan de su “poder” (posiblemente muchos) con todo gusto, también hay muchos que están en una posición desde la cual no tienen mayor opción para actuar, ellos también son pueblo; una parte del pueblo que está atada a las directrices de autoridades superiores, las cuales en la gran mayoría de los casos problemáticos pasan desapercibidos.

Es una realidad bien conocida que en el sector policial muchos (as) oficiales trabajan en pésimas condiciones, con salarios de hambre, y arriesgando su integridad día a día. Las fuerzas policiales (de bajo “calibre”, por decirlo de alguna forma) no son más que el escudo que recibe todos los golpes, a cambio de migajas. Durante años hemos ignorado las condiciones laborales a las que se someten, siendo del mismo sector público, y los encargados de “proteger” a la población civil.

En situaciones como las actuales, estas personas son las que de una manera autoritaria son obligadas a defender clases a las que no pertenecen. Exactamente en esto encontramos un gran problema; defienden clases a las que no pertenecen, ostentando un supuesto poder el cual los hace creer que tienen una posición de privilegio, de libre actuar, por encima de la Ley y demás ciudadanos. La realidad es que ese “poder” que supuestamente ostentan no es más que una mentira, un espejismo que los lleva muchas veces a abusar, y recurrir a la violencia innecesaria con tal de defender a los poderosos que les explotan.

Si buscáramos un ejemplo para la alienación (definición), el policía abusivo y violento es probablemente uno de los mejores. Pero: ¿nos hemos puesto a pensar en los procesos a los que son sometidos estos para tener un actuar y actitudes serviles a otros? A pesar de que Costa Rica no posee un ejército (como institución oficial del estado), las fuerzas policiales son sometidas a entrenamientos, y procesos de formación (o deformación) en las escuelas policiales, desde que inician su participación en estas. Procesos del mejor estilo militarista, de países con gran tradición bélica (como Colombia y Estados Unidos). Ahora: ¿terminan estos procesos destruyendo, más que construyendo ciertos aspectos del individuo?



El pasado miércoles estuve en los alrededores de la Asamblea Legislativa, la cual estaba resguardada por policías. Pude notar ciertas expresiones faciales en muchos oficiales, la mayoría de estos no estaban preparados con equipo para situaciones de choque. Expresiones de angustia, tensión, arrepentimiento, y en más de una ocasión fue necesaria nada más una mirada para casi entender que no se encontraban ahí, arriesgando su integridad por placer, y que talvez hasta deseaban estar del otro lado de la barricada, exigiendo justicia a los (as) señores diputados. Y este fue parte del discurso en el lugar, expresado desde los altavoces: “compañeros, ellos también son pueblo”, cito a César Meléndez: “alto amigos, somos de los mismos”.

El actuar de muchos oficiales de policía en los últimos días ha sido deplorable y no hay duda de ello, dichas acciones (en especial las presentadas este miércoles) nunca serán aceptadas, ni justificadas. Pero si hay un actuar más deplorable, vergonzoso y digno de rechazo es el del gobierno, y el Presidente Carlos Alvarado. Han sido sus acciones y órdenes las que han llevado al país a situaciones como estas; a tensión y a violencia.

Hoy vemos a un Presidente y gobierno que intenta evadir sus responsabilidades, y cargar las culpas de lo sucedido a los cuerpos policiales que siguen órdenes desde arriba, a los de abajo: a la carne de cañón. Queremos responsables, queremos justicia, pero no solo para los de abajo, no solo para los que han optado por un trabajo de explotación como último recurso, en condiciones de inseguridad y vulnerabilidad. Nuevamente, queremos responsables, sí, justicia, pero ¡también para los de arriba! (consigna muy importante de este movimiento de huelga desde el lunes).

 


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Joven Esparzano. Estudiante de derecho en la UCR-SO. Activista cultural y social, miembro de organizaciones juveniles, y representante ante el CCPJ de Esparza.

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