Historia: ¿Saben el por qué los ticos decimos UPEEE?

Nuestros antepasados de la Costa Rica colonial, muy influenciados por la devoción religiosa, y caracterizados por la cortesía y los buenos modales, tenían la costumbre de que cuando llegaban de visita a alguna casa, decían:

—¡Ave María Purísima!
—Sin pecado concebido. ¿Quién es?
—Fulana de Tal. ¿Cómo le va?
—¡Ah! Doña Fulana, muy bien. Pase adelante.





Y de esa forma, se iniciaba la visita, seguida de una agradable tertulia, acompañada de un “tibio” y una “rellena”; esto es, un chocolate caliente y una tortilla con queso.

Esta forma de saludar y anunciarse en las casas era propia del Valle Central, en las provincias de San José, Alajuela, Cartago y Heredia.





En Nicoya, mucho antes de que se nos anexara, para las fiestas de la Virgen de Guadalupe, patrona de los nicoyanos, iban los cófrades de casa en casa solicitando la consabida contribución para que “el celebro” a su patroncita fuera un éxito. A cada casa que llegaban y decían, con tono bien fuerte para que los oyeran hasta el fondo de la vivienda, la siguiente frase:

¡Una ayudita para nuestra Patrona la Señorita de Guadaluuuuupeeeee!

Y acto seguido, salían los de la casa, con alguna ofrenda, ya fuera una gallina, un chancho, tapas de dulce, maíz y los más pudientes, una novilla o “unos reales” para las fiestas nicoyanas.
Claro está, cuando la gente de la casa estaba en la cocina o haciendo algún quehacer en el patio, lo único que alcanzaban a escuchar era “uuuupeeee”.



Con el tiempo, y para ahorrarse saliva y tiempo, los cófrades fueron acortando la frase, por lo que la sintetizaron, de la siguiente manera:

¡Una ayudita para la Señorita de Guadaluuuuupeeeee!
¡Una ayudita para Guadaluuuuupeeeee!
¡Guadaluuuuupeeeee!

Hasta que finalmente, terminó en el ya muy conocido “upe” que utilizamos en nuestros días. Esta interjección resultó tan práctica y agradable a los oídos, que los nicoyanos la adoptaron no solo para las fiestas guadalupanas, sino que la utilizaban en que cualquier momento para anunciarse en las casas.

Pues bien, vino la Independencia de Centro América en 1821, y tres años más tarde, en 1824, el Partido de Nicoya, se nos anexa, por voluntad propia, al territorio costarricense.

Esto dio paso para que los gamonales y los miembros de la oligarquía cafetalera del Valle Central, se trajeran a trabajar a sus casas a mujeres nicoyanas, famosas por su valentía en los oficios domésticos, pero sobre todo, por su excelente cuchara en la cocina.

Las señoras de las casas enviaban a su empleadas nicoyanas, a hacer mandados a las pulperías o llevar un recado a alguna vecina, por lo que cuando llegaban al lugar encomendado, se anunciaban con su característico “upe”.

Esta expresión causó gracia entre las gentes del Valle Central, lo hallaron más práctico que el antiguo “¡Ave María Purísima!” y además, mantenía la connotación religiosa, por lo que tuvo una muy buena acogida entre “los cartagos”.

Con el paso de los años, el término fue diseminándose por el resto del país, y desde entonces es que todos los ticos, tenemos la costumbre de decir “¡Upe!”, cada vez que llegamos a algún sitio y necesitamos anunciarnos.

Autor: Vinicio Piedra Quesada productor de la página Costarriqueñismos.

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